jueves, 20 de enero de 2011

Fina Tela.


Cuando basta con cerrar los ojos y ocultar el mundo bajo una cortina rojiza que oscurece y  hace vulnerable a cualquiera, cuando los ojos no quieren ver para no sentirse vistos, cuando la paz de un hombre no es más que el tremendo sonido de lo que no se puede ver, de lo que se deja encerrado fuera. Muchas veces los ojos piden esa oscuridad; como si el alma quisiera estar sola, como si la luz le opacara su brillo.  Debe haber un momento, en el que  este espíritu crudo, se abrace de su almohada pidiendo por una vez; una  gota de sueño, que resbale en sus labios resecos.

No es, como la pureza de un soneto, un dibujo de una mano formando en el viento el cielo de los hombres, algún cielo; el que fuera suficiente para esconder en el vientre la solemne justicia de los inquietos románticos, de los inquietos de Sabines. Es un hombro eclipsando al sol a medias, eclipsando las cortinas, eclipsando  las lámparas de cualquier callejón del centro, del centro de cualquier ciudad.  

Nos queda un beso de vez en cuando, como una mancha de pureza en la fina tela de una vida de esquinas y vueltas, de trampas. Un charquito que se acomoda en  cualquier hueco; como las enredaderas en las cercas y los árboles.  No somos parte de algo en lo que se supone combinamos a la perfección ¿para que hablar del alma entonces? No se miente al alma con los ojos cerrados, pero el alma nos miente con la pura sustancia de la inconciencia. No es que seamos alma, o que el alma nos mire hacia adentro, o que cerremos los ojos para no ver más que lo de adentro. Es quizá; que en el oscuro rincón de la pesadilla de lo que nos queda fuera, los ojos de algún otro, tonto, ciego y torpe como todos, no deje al alma respirar mientras su cuerpo exhala la vida para morir.

Supongo que también hay árboles  a los que sus troncos se les mueren de adentro hacia fuera.

miércoles, 19 de enero de 2011

A ver mago.

A ver filósofo haz filosofía,
no te escondas en los sellos de dios;
que ese tuyo se describe en poesía
pero no lo haces ni en acto ni en voz.

¿Qué no has comprendido en la luz del día,
qué dura un haikú en un grano de arroz?
Pero esclavo en corazón de abadía
¿Cómo quieres, mago, ser semidios?

Guárdate entonces la fe de ironía,
que de tantos males te digo dos:
uno, que seguro esta no es tu vía.

Dos, que en tu angustia percibo la tos
de un viejo que extraña cuando dormía,
y esa tos le ha dejado ya sin voz.


Nada como la juguetería y los cajones desastre.

martes, 18 de enero de 2011

¿Qué vale?

Unos ojos que vibran al compás de las palabras de otro,
el tronar de un vaso en una mesa de caoba,
una población encerrada en un corazón
que palpita más que cualquiera,
una mentira escrita o dicha de mala manera,
una pose, una sonrisa, una mano, dios, la virgen,
un mito, una deidad oculta en dibujos en piedra,
un poema, un intento de poesía, una pintura,
un dibujo, una carta, una voz, cualquier voz.
Regresar  los ojos al pasar la calle,  
recordar el olor de un cabello,
caminar en el sitio que sea,
abrazar a tu madre, a tu hijo, a un amigo,
a una mujer, a la más hermosa, a la más simple,
a la que más brilla, a la que se ama, a la que se amó,
a la que se olvidó ya. Ya muchas veces.
Salir de noche a ver la luna  y nada más,
ver un rostro en el blanco círculo perfecto,
olvidar el triste vicio en el rozar de una ventisca,
cerrar los ojos en un cuarto iluminado por arte,
ser arte en un cuarto que iluminas.
Perderte en el huequito de dios,
encontrar un rio en la nada,
dormir al lado de quien sea,
mover las manos bajo la falda
o poner el alma en un gemido.
Las pequeñas cosas como  dicen en la tele,
los amaneceres y los atardeceres,
el futbol con los de al lado,
la medida de una cintura o del par de bíceps,
la distancia entre la cabeza y el cielo,
una fotografía de una obra natural,
la paz de las noches al terminar el día.
Nada de esto, ni siquiera un poema,
esos que ya cualquiera escribe,
que nadie los cree desde aquel día;
en el que se volvieron obras sin sentido,
obras de papel y tinta,
como la música,
el deporte y los bailes de salón.
La mirada triste de una niña,
el ojo ciego de un pordiosero,
o la miseria tan excesivamente cruel y matadora
de lo que se ve en el centro de cualquier reflejo,
que da la verdad vaciada en una vista invertida.
¿Qué vale? ¿Acaso  no cualquier cosa que deviene?

jueves, 9 de diciembre de 2010

Haikús

I
Tres tarros llenos.
Tres seres moribundos;
elíxir santo.
II
La luna ahí,
en el charco de lluvia
mira a los ojos.
III
Luz que golpea.
En la mirada eterna
de un dios perdido.
IV
Culpa entre los hombres,
de manos sucias, rojas.
Santos al fin.
v
Pasa la luz
entre las hojas vivas;
penetra el sol.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Solamente.

No es que tenga que guardar reposo en los brazos de algún puto hueco de ese salón lleno de cosas útiles y una caja con ropa. Creo que no quiero hacer escenas de dolor en una esquina con las rodillas dobladas cubriéndome la cara. Ni tampoco escribiré una oda a la soledad; que, por alguna razón, siempre se pone de moda en  los diciembres fríos en los que toda la gente tiene algo de amor para dar. Tampoco siento esa fuerza que hace a algunos pararse frente al espejo y decir: “¿y si te mueres?... ¿por favor? (...)” creo que eso tiene mucho que ver con la televisión, la falta de racionalidad y  de visión propia del mundo  de tipos poco ocupados, o de tipos que estudiaban, estudian o estudiarán filosofía por que creen que esta los sacará de su penoso estado. No quiero hacer cosas de marca registrada, ni despedirme de alguien para siempre y llorar lamentando la decisión de no volver a ver su piel. No quiero irme lejos para cambiar de vida; ni ponerme a beber para olvidar, eso no funciona. Hay cosas que funcionan más a la hora de no querer estar; como empezar a dejar de hablar o mentir por mera necesidad. No quiero irme por el centro de la carretera con el sol en la espalda, cargando una bolsa pequeña que me durará toda la vida.
Yo nada más quiero hacer lo que hago siempre, pero solo.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Como el agua.


A mí sólo me queda un poco de desventura y cuatro gramos de peso en exceso. No le pido nada a nadie, excepto a quien tiene algo para mí; la paz de un hombre es suficiente y su voz siempre representa el filo enorme de mi conciencia afilada.

El amor me lo saco escribiendo; como los ojos, los cuervos, con el pico ¡qué sensación la de ese hueco de muerte! Esa que nos deja con  el alma clavada en el suelo; como los cabellos del pecho de un hombre derrotado.

Cada momento en el que me acribillan sus interminables miradas, las de todos, se me acumula en el pecho el desprecio; como anciano a los montes eternos.

El más puro fin de un beso siempre es el alma; si es que el beso es tan verdadero como la espuma delgada en el margen que divide las olas de la arena.

Hacer el amor con finura, con frialdad; como el vapor que se hace gota y se resbala lentamente por la ventana.

Y nadie toca la mano de otro, y nadie besa la boca de otro; como en el espejo que no tocas la mano de tu reflejo.

Y dar al arte lo que el hombre a la mujer en la cama; como las águilas viejas: valor para vivir.

El orden del espíritu con la fuerza del fuego; como dragón con las garras deteniendo al mundo.

El alma danzante y apasionada; como música de cuerdas sin sentido, abierta al mundo.

Inicio de las cosas sin movimiento, estático; como la roca que detiene el vacío espacio entre el cielo y la tierra.

La carga es mentira y es falsa; como tan falso el amor de los huesos a la piel; como mentira es la mirada del hombre a su futuro.

A mi sólo me queda una voz y un silencio;  como a los hombres que piden un cigarrillo antes de ser ejecutados.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Brisa

Baja  la sangre a mi fuente de vida
moldeando mi forma con tu espíritu,
húndeme en tus cavidades quietud,
no beses mi alma que está ahí perdida.

Te arrojas y me arrojas al mal frío,
rozas la suave forma de tus formas,
a lo lejos te dibujas, rocío,
apareces como diosa de rosas.

No me prestes esa imagen de pronto,
déjatela un rato pegada al rostro
que viéndola un momento lejos, pienso;

que ni el fuego del amor puro vale
tanto para borrarte de un soplido
el alma que le regalas al aire.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Carencia.


Cuánta incapacidad de los hombres, y qué poca feminidad de las mujeres. Debe ser un problema el hecho de que un hombre no sea y que la mujer quiera serlo. En cuanto a los académicos y supuestos filósofos, pienso que no se pueden comparar a las bestias que secuestran y matan. Nótese que hablo mejor de las bestias, esos ya saben lo que quieren.

Un hombre debe acostarse con tantas mujeres pueda, de lo contrario su sanidad lo llevará a la locura luego de viejo. Es una pena que un filósofo no se acueste con todas, creo que eso habla mal de su autoconocimiento.

La única manera en la que una mujer respeta a  su hombre, es cuando no es genuino, cuando es un demonio. Pobres de los hombres que sólo se exhiben frente  las mujeres y estas se aprovechan de él. Esas cosas no se curan, pero bien se puede revertir el sentimiento. Hay que hacer que la mujer sea femenina.

La mujer más hermosa de todas, sólo se deja ver por el hombre cuando se cansa de reírse de las otras mujeres, entonces; busca al hombre para obtener nuevas diversiones. Un verdadero hombre se ríe antes, y se va.

Una vez, estuve a punto de besar a una piedra, pensé que me iría luego de hacerlo, así que no la besé, pensé que al irme le rompería el corazón.

Debe haber miles de razones de por qué el hombre necesariamente debe estar solo. Pero yo sólo tengo una en la cabeza; si el hombre tiene una mujer a su lado ¿cuándo pensará?

Una sonrisa, una voz, siete caricias, veinticinco lunares. ¿Qué otra cosa se le puede ver a una mujer luego de que se le ha visto todo? El alma.

A la que aun no se le ha visto nada, y ya se le ha visto el alma, esa es una diosa, esa no es un pretexto; es verdad.

Cada diez minutos veo a una mujer perfecta.
Cada veinte minutos escribo un haikú.
Me produce más placer terminar el haikú, las mujeres no las hago yo, esas están en todos lados.

No puedo pronunciar el nombre de una mujer frente a frente. Primero; por que me puedo equivocar. Después; por que desconfío de mi voz respecto a la capacidad de hacer que un nombre se sienta fielmente mencionado luego de decirlo. Por eso es que prefiero decir otra cosa para llamar su atención.

Los hombres estudiosos de la filosofía y de las letras ya no son ni estudiosos ni hombres, yo prefiero llamarlos  pendejos ¿Qué serán las mujeres que se dedican a lo mismo? De entrada no son mujeres,  deben ser otra cosa. Y esas no se como llamarlas, pero se que ni siquiera entenderían el significado de su distinción.

sábado, 30 de octubre de 2010

Queda.

Qué constituido está el mundo,
Tan lleno de esas cosas
Grandes y coloreadas,
Queda mirarlo.

Qué camino
Forjado de rocas
Molidas,  revueltas, unidas;
Sólo nos alivia el alma pisarlo.

Qué poco espacio va quedando.
Nada se vacía en las vueltas,
Ni en las varias entradas;
Queda crearlo.

Qué estado
El alma ya sin alas,
Sola y seca entre espadas;
Queda imaginarnos volando.

lunes, 11 de octubre de 2010

Respuesta a Edward Jensen, sobre texto de estudiante de Sociología.


Edward Jensen,

En verdad iba a comenzar esta respuesta con un “no mames” pero pensé que tus delicados insultos estaban por encima de las palabrejas que decimos todos en la calle. Así que me mostrare serio, como debiera ser.
Hablas en tu comentario. De muchas cosas que en un sentido meramente estricto, respecto a mi texto, no complementan  una relación entre mi idea y tu reflexión bastante elemental. ¿Por qué? Por que mencionas la historia, mencionas los cambios sociales, la historia de la filosofía (en la cual no creo, pero yo si dudo que eso puedas entenderlo; ya te diré después por que). Por otro lado hablas de mi, y repites lo que yo debiera entender y me preguntas el por que de mis aseveraciones. Incluso cuestionas la “intelectualidad” del estudiantado de humanidades. Pero te voy a dar la razón en ciertos aspectos.
De entrada.
Me sorprende en primera instancia que menciones la historia, por que de haber leído el texto, es algo que estoy desaprobando intrínsecamente, es decir, no acepto la historia como un fenomenito revitalizador del espíritu humano, a su vez pienso; que el acto puro de remembrar la historia esta necesariamente en el desvanecimiento eterno de dichos actos, no como un desacato a las posibilidades, sino como un desprendimiento de una moralidad dialécticamente inducida (esto esta fácil).  La cuestión de que mis “sabios consejos” no estén en el centro de los cambios sociales de la historia, (que trato de entender tu objetivo) eso descubre dos cosas, primero que no tienes un conocimiento filosófico básico certero respecto al espíritu humano. Y la segunda que se relaciona estrictamente con la primera, que no entendiste el texto, pero tu si,  no podrías entender esto, por la razón primera que te comento. Pero no te preocupes, seguramente entonces el texto no te incluía como destinatario directo. Pero descuida seguiré respondiéndote para explicarme mejor, y por la intención que tuviste de leerlo.
Los cambios sociales de la historia, los filósofos occidentales se los atribuyen a la dialéctica, esa que lleva las cosas por el camino conveniente. En ese sentido yo no puedo decir que estos no comienzan por el hombre, pero tampoco puedo decir que ahí se encuentra el motor primero. Tampoco diré que en dios. Por que en verdad, nada podría decir respecto a eso, y la razón por la que me sorprende tu insinuación histórica, es por que en verdad, mi texto, ni buscaba un cambio, ni tampoco buscaba detener uno.  Por que, como dije al comienzo, no creo en eso. Seré breve para intentar dar una razón.
Creer en la historia de las ramas o del devenir humano representa en medida moral el APEGO. Creer que existe una identidad inducida que hay que defender  y que hay que llevar a la exaltación, representa el descuido de las cosas que parecen, en un sentido espiritual, meramente ajenas. No hablo estrictamente, del patriotismo o de la religión. Pongamos también como juicio pertinente a mi texto; las corrientes filosóficas de las que los intelectuales  se apoderan para llevar a cabo sus actos supuestamente emancipadores (aquí entra tu pregunta del por que debieran ser filosóficas esas manifestaciones). Pero antes habrá que responder a que le llamo intelectual.
Llamo intelectual a la población de humanidades por mera representación pública. Por que se supone que somos esos que entendemos y conocemos los actos de cualquier representación. Pero, en mi percepción de intelectualidad se incluye necesariamente, la quietud, la pasividad y la inutilidad de un sector que no tiene una “producción” conveniente. Es decir, los llamo intelectuales a aquellos que siguen el mero y más gastado cliché del culto traído acá desde Europa. En ese sentido, tú y yo, somos intelectuales en este momento, pues estamos discutiendo una cuestión meramente sociocultural; incluso cuando tus refutaciones y tus aseveraciones parezcan mas las de una señora cuarentona defendiendo a su dios de su propio hijo ateo. Pero no te confundas, que no es algo que me enorgullece decir, por que ni yo quiero ser un intelectual, ni me gustaría mirarme a  mi mismo dentro de un café cultural hablando de la guerra contra el narcotráfico y dándole la razón a Joaquín Sabina. Es decir el intelectualismo, ese que yo critico y que no pudiste entender, es nada más la representación  de un fantoche tirador de sentencias y devorador de conciencias ajenas en un sentido literal. Creo que en humanidades se es intelectual solo por estar ahí, y por si no queda claro lo que he dicho antes, cabe decir que no es un cumplido. (Mas abajo seguro lo dejare mas claramente ejemplificado)
 Sigamos con las corrientes filosóficas que es algo que puedo usar para ejemplificar. La mayoría de las corrientes filosóficas tienen el poder de inspirar a otras ramas de la cultura ha crear sus propias representaciones de un mismo pensamiento. La literatura se modifica, por la filosofía, la sociología es en ocasiones una ejecución bastante literal de algún pensamiento, y la historia se encuentra totalmente ligada a lo que hagan las tres anteriores y como inciten a la humanidad a “cambiar alguna cosa”. Creo que eso vale. Pero, respondiendo a tus casi incoherentes preguntas. Debo decir que, el sostenimiento, a través de los tiempos de una filosofía social representa un retroceso respecto a una generación de un cambio que bien se puede llevar a cabo a cada momento de la existencia inmediata de la humanidad.  Simplifico; creer como base en un socialismo gastado europeo, para cambiar la situación momentánea real de un país que no se ubica siquiera en un grado mínimo con aquel donde el socialismo encajo a la perfección, significa casi inmediatamente la inutilidad  de una acción revolucionaria tradicionalmente adquirida. Es decir, el abrazar un acto ajeno, histórico para revolucionar al mundo es necesariamente una pelea perdida. La historia, en una percepción meramente filosófica, quizá sea la mutilación del pensamiento mismo. ¿Que hacemos  dándole vida  a Marx, mientras nuestra realidad inmediata se desbarata por actos no contemplados dentro de una realidad social muerta?
El intelectualismo espera a alguien para seguir, por eso es criticable. Ahora no hay nada que seguir y en lugar de crear, filosóficamente una revolución de esas que les gustan, se ven haciendo actos de protesta  o de conmemoración, sin el propósito fiel y firme de en verdad cambiar alguna situación. Solo hacen sobrevivir ese mundo que les llena de esperanza romántica  sobre la llegada de su nuevo Mesías  revolucionario, que les de un espacio en tu y su tan amada historia. (Ahí por que los actos deben ser filosóficos, y no intelectuales)  hasta este momento he dicho eso que te acongoja respecto a mi percepción de tu tan abierto mundo, desde el mío tan reducido.
 Por otro lado, y hablando de tu defensa bastante pedestre respecto a la emotividad de los actos, la cual no desapruebo ni limito,  mas bien dudo de su genuinidad; no encuentro aplicable tus ejemplos y tampoco me toco siquiera un momento que hablaras de la inminencia de la muerte de mi madre, creo que eso es algo que me diría cualquier doña dolida por el suceso, incluso debo decirte, que me ha causado harta risa, y que estuve a punto de no tomar en serio tu comentario.  Pero creo que seria una falta enorme de mi parte, no contestar a un sujeto tan bañado en dudas y que, por no entender un texto tan sencillo como el mío, creyera en verdad que es una estupidez. Por que al llamar estupido mi texto estas siendo estupido tu, si no ¿Por que habías de tomar algo tan estupido con la seriedad que lo tomaste? Incluso insultando mi persona que al final es lo menos importante. Lo acepto.
Debo decir que tienes razón en alguna cosa, ahora no recuerdo en cual, pero también debo decir que debe ser un error no poder explicar para el mundo completo una reflexión como la que hice, por que al final que no lo entendieras no solo significa que pueda pensar que no eres bueno para leer con la mente en blanco y eliminando tu predisposición a tus pertenencias (cosa chafa entre los intelectuales) si no que habla también de la posibilidad de  un error mío al canalizar mal por medio del lenguaje algún pensamiento que no tiene que ver con una manifestación social, pero lo aparenta.
Yo no suelo dividir la filosofía,  y no creo en la filosofía cuando se aplica directamente a lo social, la razón ingenua de un texto como el mío, es quizá mostrar como principio una filosofía del espíritu del individuo que se dispone a transformar un mundo. Es decir ¿Cómo seria un mundo constantemente bajo las intenciones de cambiar por sujetos que no pueden conocerse a si mismos y a sus posibilidades, en especial esa como es la muerte y que a su vez les hace temblar el pecho?  ¿No es acaso en un acto emancipador el más recurrente de los resultados la muerte?
Este texto, que he sabido de pocos que han captado la esencia de mi intención, (por que como dije puede estar mal escrito)  no trata de los temas que el estudiante de la filosofía mas recurrente quiere tratar. Por que de nuevo, no creo en la filosofía como social, y por que no puedo hablar de nada de lo que me siento alejado en un sentido físico. La pretensión filosófica de mi texto no es más que, como he dicho antes respecto a este, la exhuberancia de la creación filosófica desde adentro hacia fuera, desde el individuo autoconsciente. Ya que nuestro sistema filosófico insita necesariamente a que cambiemos al mundo antes de conocer la parte mas indivisible del universo.
Esta es mi respuesta a tus preguntas,  a tu comentario general. Que bien puedes estar de acuerdo o no, pero esta fundamentado en el pensamiento que manejo, que si bien puede parecerte estupido, se alimenta de la percepción de la otredad idiota que en un sentido se representa por medio de seres como tu y como yo, es decir, al final; hablo de ti y de nada mas. Pues quizá y la percepción filosófica de que todo es uno se proyecte incluso en la estupidez de unos cuantos que como tu o yo, no pueden separar sus deseos de su conciencia natural.

Gracias por el comentario y si lo deseas podemos platicarlo personalmente, con un café, lentes de sol y cigarros, así como se hace en humanidades para reafirmar su infinita capacidad intelectual y de argumentación, de esa de la que ambos flaqueamos. Pero claro, tú no te incluyes ni por mera cortesía retórica.

Un saludo.  
David Navarro.

P.D. Lo he puesto acá, por que no cupo en el casillero de comentarios.

domingo, 10 de octubre de 2010

Inicio.


Inicio.
Déjame enseñarte,
Muérdeme, así.
Otra vez, así.
No me sueltes, así.
Bésame.
--¿así?
No preguntes.
Respírame.
Guárdate en mí.
Márcame ¡fuerte!
Apriétame los hombros.
¡Fuerte!
Dibuja ese infinito adentro.
Eres un poeta.
Un pintor.
Tatúame tu obra.
Tatúame tus letras.
Mójame. ¡No!
Hazme humedecer.
Mas, aun mas.
Si puedes.
Lo estás haciendo.
Abre los ojos, es real.
Creí que no sabias.
Eres fuerte.
Me asustas.
Soy débil, lo veo.
Esto es raro.
Detente, no soy yo.
--cállate esto es normal.
Creí que no sabias.
--esto no se aprende.
Tú sabes hablar.
--y respirar.
Sientes como nadie.
Siento que lo sientes.
--te siento débil.
Me estoy muriendo.
--Mañana renacerás.
Es demasiado.
--no es nada.
Me está desintegrando.
No sé qué hacer.
¡No pares!
Ayúdame.
Despacio.
--déjame enseñarte
--muérdeme, así.
--otra vez, así.
--no me sueltes. Así.
--Bésame.
¿Así?
--No preguntes.
--respírame.


jueves, 7 de octubre de 2010

Asesinan a estudiante de sociología. Está bien.




Un texto para mis compañeros, “humanistas” en demasía, que desconocen un que hacer filosófico mas genuino que lo social.

En alguno de estos días, unos tipos mataron a un estudiante de sociología de UABC, pero eso seguro ya lo saben. Yo no lo sabía hasta que un alumno aprovecho un correo accidental de Eliot Benítez para hablar sobre el tema y comunicarlo “indirectamente” a todos los que estábamos enlazados a ese mail. Mostraba angustia por el hecho y preguntaba si la universidad iba a presionar a las autoridades respecto al seguimiento de este caso. Menciona también que el hecho no tenia lógica asegurando que el estudiante era un tipo tranquilo y que deberían aclarar esto. No se hasta que punto tendría un sentido toda esta preocupación, pues nada de lo que se pueda hacer cambiara en algo ni el sistema judicial, ni la violencia generalizada del municipio.

Busque una nota que me diera la información completa del homicidio y la encontré. Una nota normal, de una muerte como todas. Por suerte, las notas en Internet tienen la ventaja de mostrar comentarios y vi uno,  que ya no necesite leer nada para escribir este articulito ni para darme cuenta de la veceralidad del intelectualismo. Se muestra un hombre indignado hablando por los sociólogos de UABC preguntando hasta cuando las autoridades van a poner punto final a la violencia. Después, me parece que el mismo tipo que me hizo llegar el correo, pone un comentario dirigiéndose al difunto; hablándole como su hermano y diciendo esas cosas que se dicen con un miedo en las manos y una voz supuestamente entrecortada.

¿Y luego que’?

Lamentamos la muerte de un extraño, como si eso no fuera común en nuestras sociedades, y lo hacemos parte de un movimiento interno, en los pasillos no se habla de otra cosa y buscamos un plato de justicia. Entiendo, se murió, esta bien; pero ¿por qué hay que buscar algo entre los escombros de una vida ajena, para sentirnos parte de una comunidad intelectual inútil que se aprovecha de sus pasiones para reafirmarse como humana? Creo que estamos llenos de basura, y estamos más muertos que ese personaje. Por que incluso cuando se supone que debiéramos entender el movimiento de los seres como tales, nos estamos preguntando la razón de un acto meramente humano, y buscamos culpables y necesitamos saber que esta pasando con todo ese embrollo judicial.

No es que seamos falsos, somos más bien ignorantes. Reforzamos una cadena Kármica desnaturalizando y haciendo ajena la muerte misma. Tememos a la muerte, se ve en las palabras de quien mando el correo, y por eso hacemos de una “perdida” una fuente de desahogos sociales.   Comenzamos hablándolo en público, luego pidiendo minutos de silencio, y poco después me informan que habrá todo un homenaje filosófico respecto a la muerte de este sujeto,  haciéndose la pregunta ¿Qué es vivir? Lo imagino, y no se si la razón por la que asista a tal cosa sea valida por respeto no al difunto, sino a los chicos que intentaran responder lo que es vivir.

Esta no es más que una representación de un movimiento muerto que nos ha dejado la costumbre de nuestras supuestas tendencias vivenciales ¿Qué somos? Los inconformes, los mugrosos, los que leemos antes de respirar, los que ponemos la pizca de pesimismo en la vida de la gente que solo se preocupa por pasársela bien, los que aun hacemos estúpidos festivales por el 2 de octubre y creemos que hacemos algún tipo de homenaje a aquellos que son mártires por idiotas, somos los que leemos poesía falsa en micrófonos y bocinas para sentir que tenemos una vida estética, somos los que fumamos marihuana cada que es posible en el sitio que sea; solo para estar en “onda” y luego de todo esto, somos los menos liberados.

¿Acaso no con todo eso que somos deberíamos estar por encima de la preocupación de un acto tan cotidiano? Pues obviamente no, por que en todo caso tendríamos una conciencia social (en la cual no creo y la separo estrictamente de la filosofía) pero no es, evidentemente, ni siquiera eso. Por que de ser así, haríamos marchas cada dos segundos por cada individuo que muere “injustamente” (creo que la justicia, en caso de la muerte, es una cuestión de percepción, por tanto no creo en eso)  pero no lo hacemos, por que no esta cerca, por que no lo hacemos nuestro, por que lo creemos ajeno. Pero en el caso de este sujeto, lo vemos cercano, lo vemos nuestro por que se sentaba en las mismas aulas que nosotros y lo veíamos “tranquilo”. Y nuestra percepción hacia la muerte es una vista panorámica hasta un momento como este.

Vemos en la televisión que muere un tipo baleado en la presa, y decimos “bueno andaba metido en algo” vemos que matan a n cholo a puñaladas y decimos “era cholo llevaba una mala vida, es normal” pero matan a un intelectual y nos entristece el acto porque lo vemos para nosotros. En el momento en el que un sociólogo muere, de manera tan común, estamos condenados a que nuestra vida contenga la posibilidad de terminar de una manera similar. Y eso despierta nuestros sentidos, y queremos cambiar el mundo, no necesariamente para que se encuentre justicia y que se pague por el crimen; sino para no tener que vernos en esa situación. Aplicamos la virtualidad para actuar en la realidad, y no morir por que nos asusta.

No justificaría ningún acto, y no lo llamaría bueno o malo, ni siquiera la muerte conducida. Por que no veo diferencia entre los contrarios de una misma cuestión. Pero si puedo decir que el acto de asesinar como tal, no representa ninguna variación en la existencia de todas las cosas, la gente igual muere en todos los casos, y eso lo dice cualquiera. Pero el punto no radica en la forma o en el tiempo, sino en la creencia ¿Somos participes de un acto como este solo por que nos consideramos una comunidad académica humanística? Tal vez, pero en un sentido verdaderamente de conocimiento humanístico, o filosófico en el caso de a quienes me dirijo, deberíamos liberarnos de los actos que hacen de nuestra falsedad una constante incluso en los momentos mas superficiales. Platos de justicia social, comunismos de juguete, patriotismo humanitario, solidaridad indígena, feminismos, anarquía institucionalizada ¿Que tienen de filosóficas estas cosas? Si ni siquiera podemos pararnos frente a una muerte ajena y sentirnos libres del pensamiento de virtualidad que nos produce el miedo a la mas inminente de las posibilidades de la existencia. Somos “filósofos” que luchamos de afuera hacia adentro como si esto no nos llevara a matar la individualidad del ser, esa que filosóficamente tenemos que descubrir para no reencarnar en la muerte misma de un ser que nos representa no como una institución, sino como existencia misma, que al final; es lo que nos pone a temblar. Por ver la muerte tan cercana.
Deberíamos ser filósofos de verdad, y no activistas de pacotilla intentando evitar que nos maten en una esquina mientras encendemos un cigarrillo, de esos que fumamos por mera actitud.




David Navarro Llanes.


sábado, 2 de octubre de 2010


Hay una extraña sensación en mi cuerpo en días como este. Siento que he perdido algo y que pareciera no tener importancia, por lo menos inmediatamente. Creo que eso sienten los falsos poetas cuando se les ve cortada la única fuente de inspiración que tienen para escribir; su realidad inmediata. Si es que he perdido algo, ya tendré yo otras cosas de que reírme mientras escribo unas palabras indecentes en hojas de papel rayado.